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viernes, 9 de abril de 2010

Hablemos en silencio.

Hablemos del silencio o hablemos con él,
-Interroguémosle-
Que su fiebre nocturna nos envicie,
Que su halito de secretos nos seduzca.

Enseñémosle a reír con la tristeza atravesada en la garganta,
A carcajearse de las sombras que nos acechan por la espalda.

Enseñémosle a danzar leve, ausente, provocativo
Al ritmo demencial de mis preguntas sin tus respuestas.

Acariciémosle tiernamente, sin malicias.
El silencio aún habita en la infancia,
En la inocencia del primer amor.

Curémosle las penas, los miedos, las heridas acumuladas
En su piel de durazno, en su alma de papel.

Lavémosle el rostro trasnochado por el monstruo del insomnio,
Y compartamos con él,
El sueño que nos duele,
El sueño doloroso de la verdad.

Demostrémosle al silencio, que es cierto,
Que es penumbra, que es verbo, latido.
Que es madre defensora,
Que es esperma que fecunda.

Porque el silencio es cierto,
Tan cierto, demasiado cierto
Entre nosotros…











...¿¡Amo..!? No....

jueves, 8 de abril de 2010

If faut tenter de vivre .


La diosa razón intenta cortar, disecar,
Hacer autopsias  en la calma,
Cuando el total absurdo ha dejado de ser crisis.
Pretende predecir futuras tormentas,
Ahogar el grito del resignado.

Pero qué hay de la absurda crisis
Que arremete  en el peor  instante
Sin aviso, ni predicción.
¿Habrá razón que no ceda al primer impulso?
¿A la precipitación instintiva?
De nacer o abortar.

¿Dónde queda la dialéctica?
Con su milagroso control del devenir,
¡Mierda, No hay nada que controlar!,
El absurdo es entropía,
Es caos  demencial.

 Al final,  el  Milagro del control no es tan absurdo
Como parece;
Lo que es realmente absurdo
Es lo que le precede y le sigue.

    If faut tenter de vivre .

Hice de mí.

Hice de mí, lo que dios me negó.
Para mi bien decía él,
Y siendo dios, un clarividente
Un tahúr de dados cargados,
Pues sí, era lo mejor.

Pero, hice de mí una antípoda
De ferviente y perpetua porfía.
Una oscura imitación del caballero quijotesco,
Un almanaque de dudas y minucias.
Un Anarquista con decálogo,
Un géminis múltiple,
Un coleccionista de restos de pan,
De brizna y ceniza, de lluvia
De Sangre y humo,
De versos,
Que nunca serán verdaderos versos.

Dios, quería negarme la tortura
El quería para mí la beatitud de la ignorancia.
Pero, yo quería jugar juegos de ruleta rusa,
Disparar en mi sien el plomo de la lucidez.
Y sin retorno la bala como relámpago
Fue dejando su quemadura.
Y la lucidez era dolor sempiterno,
Hambre insaciable,
Exilio y soledad.

Pero, esta también me hirió de alegrías, es cierto,
Hubo fiestas sin antifaces,
El salpullido de la culpa desapareció,
Las sombras en la caverna
Dejaron de ser sombras,
La libertad era al fin
Una autentica Elección.

Es cierto, dios quería lo mejor para mí.
Pero, preferí condenarme
Y caminar por el cadalso,
Por la angustia del insomnio
Ese asesino de utopias.

Porque es cierto, yo erigí mi voluntad
Sobre la voluntad del dios caído.
Él era mi amigo y tan sólo me deseaba lo mejor.
(Perdón)
Pero hice de mí un infierno,
Un demonio, ese dios:
Un ser humano.

miércoles, 7 de abril de 2010

Emociones elementales II


Erase una vez,
 El dominio de la santa verdad de la palabra escrita,
 Antes era más sencillo ser más poeta que niño;
 Y así, dejar el falsete demagogo del alma que necesita desahogo.

Como cualquier otra apesadumbrada carga de asno,
 Hay que soltarla de vez en cuando.
No es peste bubónica, ni fiebre tifoidea, no es maldición gitana,
 Ni mucho menos un caso de delirium tremens (aunque ya me gustaría),
Es soledad y rabieta.
 Es espasmo melancólico, cigarrillo mal fumado,
 ¡Es la nostalgia de lo que nunca ha pasado!

 Es recaída tal vez;
 ¡Pero qué caída que me siento aún volando!,
Y no miro piso y ya me tiemblan las manos.
 Veo lo que deseo y no debería desear,
 Quiero lo que no puedo querer,
Sueño a escondidas del imperio insomne
Que llevo metido entre ceja y ceja.

 No me creo, cuando me digo que me creo,
 Y respondo a la misma pregunta con la misma mentira.
 ¡Qué ironía!, estoy sintiendo que siento cosquillas en el pecho.
Tengo ganas de sollozar en generación espontanea de tristeza.
 Siento ruinas de espejos reflejando el abismo de lo incierto.
 ¿Es inicio senil a grandes rasgos? ó ¿síndrome de Peter Pan tergiversado?.

 Añoro el común denominador de la ciencia exacta,
 Añoro la ley de anti-gravedad:
“Todo lo que baja, después subirá,
 Y todo lo que baja nunca más nos pesara”.
Tengo el ansia de despertar muerto o dormirme sintiéndome vivo.
Tengo las ganas de tirar la famosa toalla,
La toalla cicuta, la toalla sicario.

 ¿Quién me acompañará a la hora de la cena?,
¿Quién entenderá la verborragia de Ippolit la carta improvisada?,
¿Alguien me dirá por fin quién fue primero el huevo o la gallina?,
¿Sabrá dios que lo de ateo era una blasfemia blanquita?
Porque si hay mentiras blancas, porqué no ha de haber también
 Blancas blasfemias o por lo menos blasfemitas,
De las de miga de pan con perdón y gracia.


Bien es mal, peor es mejor, todo a la nada,
 Solo entre dos, más de menos, yo por vos.
 ¡Ser por una vez esbirro del corazón!,
Taquígrafo de su cursilería, apariencia de su dolor.
 Que guardo bajo mi sombra más que la pena de tener corazón.
 Siento como cualquiera y cualquiera podría ser yo,
 Luciérnaga, relámpago, agujero en el pantalón,
“Imagogo”, el nunca más para Poe.
 Puhskin y su pobre caballero, el alquimista Cohelo,
 El príncipe Mishkin o el idiota Liov,
Cinco versos con Neruda en el corazón.
  Telegrama de Vallejo: Perdonen la tristeza,
 ¡La verdad es una conspiración!

  Posdata: Caussobon ¿el péndulo de Fualcolt? …


En Abril 2006 

Emociones elementales.


Hay de luces, carruseles y laderas,
Me prometo menos nieve, menos humo, menos tos.
Mientras llega el mañana me someto a consumirme el hoy;
 Más polvo, más fuego, más jarabe por favor.

Hay de sirenas, musas y estrellas,
 Se parecen a ti, aún más que tú.
Y yo, y yo, y yoyo llorando en censura embotellada,
¡El descorche por favor!

 No estoy mal, porque alucino,
Y mejor aún si alucino contigo.
 Miro tus ojos felinos brillar en la resuelta oscuridad,
Tú cabello plumaje de cuervo,
Tu rostro estigma de ángel,
 Y escucho el andar de tu corazón misterio del mar.
Y yo medio tartamudo,
 Simpatizo con arena blanca ¡qué buena playa!
Y me deslizo en violeta por la razón.

 No estás aquí, aunque me parezca que sí.
 Y toso, toso, toso carmesí.
 Dime “Serrat” ¿Qué hago aquí tan enamorado?
 Canta para ella, canta como nunca por favor.
 El piano tararea, se desliza, se desangra melodía en desamor.
 ¡Madmuasel Soledad! permítame este último tango,
Ahora que ella clava su mirada sobre mi piel de naufrago,
Que mire, que sepa
Que no necesito de sus pasos para bailar este último sopor.

Son casi las tres y tres y tres tristes tragos de trementina
En mi última intervención.
 Loco, descalzo y al cadalso.
 ¡Más clarísima no puede estar la confusión!,

Hay de luciérnagas, karma y proxenetas,
 Dos gramos de alma en conserva en mi enlatado yo,
 Y “Woody” me aclara con desazón como última intervención:
“El sexo sin amor es una experiencia vacía;
 Pero como experiencia vacía es una de las mejores”,
Huele a consejo, apesta a malversación.

 Y hay de silencios, sombreros y estación.
 Una despedida de dos peces de hielo en Whisky on the rocks.     

Junio de 2006.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Divagación (Mirada de Mariposa)


Sabina me dijo una vez, en una de nuestras tantas conversaciones ficticias, “La alegría se vive, la tristeza se escribe”. Y yo siendo tan idolatra del flaco, acogí sus palabras, ya que dejaron en mi  razón  su quemadura. Las suscribí como el cuarto principio de mi decálogo personal, y siendo consecuente con mis principios, lo he cumplido, hasta hoy,  con cierta facilidad.  
Sin embargo, sucede que esta noche, mi alegría tiene algo de tristeza. Hay una ausencia que me tiene desamparado, que me tiene en vela. Hay una voz que ansío escuchar; pero, en esta noche, sólo escucho  ecos sórdidos. Extraño la mirada que me desarma, que me  contagia con su misterio, con su silencio de cien palabras, de mil palabras, de diez mil palabras, todas igual de hermosas, y extraño aún más que estas  floten y vuelen (como tenues mariposas) en ese breve espacio que se crea cuando mis ojos van al encuentro de esos ojos, inmensos y bellos,  de esa mirada que me desarma,  a veces sin siquiera mirarme, esta noche los extraño, te extraño.

martes, 2 de marzo de 2010

Postal desde el acullá.


¿Qué queres?, Porque te urge tanto un tratado de cariño tan simplón como el mío, a lo mejor me extrañas. Aquí todo es tal como me lo imaginaba, el calor, el sofoco, el desvelo, la lluvia, el tormento. Es mi hogar, que más te puedo decir. El mobiliario es perfecto, muy acorde con el papel tapiz negro de rayas grises (¿pensaste algo más extravagante?, ¡pues no!), y en general no puedo quejarme, tengo lo necesario para llevar mi sempiterno a cuestas. Resisto, por que lo cierto es que alguien en mi situación no puede perder nada que no haya perdido ya.

Pues bien, el motivo de mí digamos “póstumo” es para complacer tanto llamado espiritista de rabia, reclamo y recelo. En el fondo sé que me amas.  Aunque parece que aún no has podido perdonar y olvidar ese, mi pésimo acto de desaparición, en verdad,  resulte ser un funesto intento de mago. Aprendí a desaparecer; pero, ¿cómo reaparecer? es un problema que jamás podré resolver.

Te extraño. La soledad se siente aun más sola desde que ya no puedes acompañarla, esta totalmente inconsolable, y te juro que me tiene harto, tanto sollozo por aquí y por allá, la mal acostumbraste a tu compañía; pero, no te preocupes ya lo superará, o al menos eso espero.

Sabes que te quiero, siempre te he querido, compañeras como tu ya no se encuentran en estos cada vez más largos y angustiosos días, desde que la frontera “moralina” es tan estricta y pasar tanto pecado desnudo y mal atado por  contrabando ya no es un negocio redondo para el libido tan parisino que nos habíamos montado; pero, qué más da, lo que importa es que tuve el caprichoso placer y placer de conocerte.

 Sabes, con ninguna reí más que contigo, ni dije más idioteces, ni siquiera sé como llegaste a soportar esa mezquindad tan presente y derramada en mi boca, las manos que te rozaban con ese encanto pueril, tan “Milleriano”.  Sé que tenía mi “algo” cómo tu lo llamabas, pero nunca pensé que desarrollarías un atávico  masoquismo, quizá siempre fue lo tuyo, porque  yo siempre supe que el dolor sistemático era lo mío.

¿Cómo demonios fue que nos encontramos y fuimos lo que fuimos? Te agrade o no, creo que fue  gracias a la rubia morena corazón de luciérnaga, a ella es a quien le debemos nuestro oportuno encuentro, ya que tu existías tanto para mi como para un ciego los colores. ¿Por qué resolví atacar a tu odio con mi verso cursi y prosa embustera? Pues por que más, por sincero y pulcro interés y utilidad, pensé que contigo podría acercarme a la luciérnaga y me ayudarías a tomarla. Tú eras sólo un engranaje en mi juego; pero no contaba con tu enorme perspicacia y al final fui yo quien terminó siendo parte del tuyo.

No eras lo que yo esperaba, no. Fuiste lo mejor, fuiste lo peor, depende  del ojo juicioso y causativo con que se te mida. Contigo descubrí o  aprendí el arte de la concupiscencia y la risa desmedida, eres la mejor maestra en este campo. Contigo me la pase bien. Y Así fue como nos vimos en la encrucijada de un cariño cada vez más desinteresado en desatar, eso que nos prometimos sólo atar por las noches, te importaba si yo estaba mal así como a mi me importaba que tu estuvieras bien y nos permitimos lo que era prohibido: hurgar el alma del otro. Así fuimos cada cual creando su propio monólogo de altibajos, vaivenes, resentimientos, consuelo y cariño, un desenfreno que cualquiera envidiaría. Debes en cuando tal vez, quien sabe, no lo sé,  yo lo haría.

Fuiste importante para mí, y aunque hay ciclos mortales en los que te extraño, espero jamás verte por este acullá, donde no existen las primaveras y ni falta que hacen.

Hasta aquí llega mi último eslabón de mea culpas, reproches y trasnoches de vicios que ya no matan (por obvias razones), me despido.

Atentamente yo.